Antonio Arjona Espejo "El Niño de Benamejí"

El 4 de septiembre de 1830 fue un día señalado en la casa del matrimonio formado por don Antonio Arjona Gómez y doña Josefa Espejo Avila. Y no tanto porque fue el único hijo varón que habrían de tener, sino porque aquel niño, con el tiempo, acabaría siendo “El Niño de Benamejí”.

Fue un personaje de doble vida, pues su apariencia de señoritingo encumbrado, de verbo fácil y trato amable, ocultaba al despiadado y astuto amparador de todos los bandidos de la comarca.

Andaban por el Benamejí de entonces -1869- Antonio Cabello Arjona “El Cabellito” (sobrino de “El Niño”, hijo de su hermana María del Carmen), Francisco José Martín Espejo “El Malas Patas”(hijo de Teresa Espejo de la Cruz, prima hermana de nuestro personaje), “El Getillas”, “El Mohino”, “El Bellotico”, Juan “El Cuco”o “El Cucarrete”, “El Morito”, “El Calderero”, los hermanos “Tirillas”, ”El Sastre Lechuga”, “El Bizco Veguitas”, “El Zorrito”, “El Papa Carmona“ y bastantes más, todos con el denominador común de estar reñidos con guardias civiles, guardas, bellerifes y demás gente de ley.

“El Niño Arjona” (otro alias) administraba dos fincas, una de olivos, El Cordobés y otra, El Alcachofar Bajo, cerca de Las Ventas de El Tejar, siendo en la última en la que planeaba los golpes, llevaba sus tejemanejes y cobijaba a quien lo necesitase de la hampa de la comarca. Excepcionalmente, también recibía visitas inconfesables, en Benamejí, en su casa de la calle Iglesia Vieja número 14.

Dejando aparte delitos menores, son tres los de mayor repercusión en los que estuvo implicado: el robo de un rebaño entero de carneros en Jerez de la Frontera y dos secuestros, ambos en Palenciana, el del niño José María Crispín Jiménez y Soriano y el de un tío político de éste José Orellana Gallardo. Por supuesto en ninguno de ellos actuó directamente, pero en los tres fue decisivo.

Los carneros de Jerez los camufló en El Alcachofar hasta darles salida; el secuestro de Crispín, que llevaron a cabo Juan Morales Montoro “El Cucarrete”, Juan Sarmiento Hidalgo, Juan Sarmiento Herrera, Miguel Pinto Lara, José Palma Ruiz “El Vacarrabiosa” y su hermano Juan “El Patilludo” (así le llama Zugasti en su libro El Bandolerismo); Miguel Leiva Aguilera “Larrambla” y “El Malas Patas”, lo dirigió él y el secuestro de Orellana, que efectuaron “El Garibaldino”, “El Zafarraya”, Salvador Moya Alcaide, “Larrambla”, Antonio Postigo “El Guardia Mellado”, Juan “El Patilludo” y su hermano “El Vacarrabiosa” (disfrazados, el primero de teniente de la guardia civil y los demás de guardias), también fue promovido por él. A todos estos habría que añadir sendos intermediarios, que fueron, respectivamente, “El Manco Pititi”, de Palenciana y Luis Artacho González, de Marmolejo (Jaén).

Y fue mientras negociaban el rescate de Orellana, cuando entró en escena un hombre determinante en la vida de “El Niño”, don Julián de Zugasti Sáez, gobernador civil de Córdoba.

Zugasti, convencido de que una persona tan influyente como Arjona tenía que saber algo sobre los secuestros de la zona, le citó en su despacho para el día 26 de febrero de 1870, con la añagaza de conocerse, pero la realidad era que el gobernador pretendía desenmascararle, como así sucedió, acabando por amenazarle que respondería con su vida, si al secuestrado le pasaba algo.

“El Niño” mandó urgentemente liberar a Orellana, tomar el dinero que en ese momento estuviera ofertado en la negociación y, después, desaparecer todos, hasta que las aguas se calmaran.

Y así se hizo. Él marchó a Málaga, junto con Joaquín Orellana Soria “Quinito el de Palenciana”; de Málaga pasaron a Almería y de allí a Orán (Argelia), donde se dedicó al comercio de bebidas.

Debido a sus influencias en Madrid, reapareció el otoño de 1873 en Alicante, empleado, con el nombre falso de Antonio Salinas, en la delegación de Hacienda y el 19 de mayo de 1875 pasó a la Aduana del puerto, como marchamador. Sin embargo, debió fallar su red de amistades influyentes, ya que el 24 de septiembre de 1875 fue detenido en su lugar de trabajo por don Miguel Donado Ruiz, teniente de la guardia civil de Lucena, cuando “El Niño” imperaba desde El Alcachofar.

Al estar reclamado por varios juzgados de Andalucía, se dispuso su traslado, pero en una de las etapas del viaje, antes de llegar a Alcantarilla, a unos ocho kilómetros de Murcia, pidió apartarse a unos olivos próximos, para evacuar el vientre y, estando en ello, intentó la fuga; la guardia civil abrió fuego y le dieron muerte. Fue enterrado en el cementerio de Alcantarilla.

En cuanto a “Quinito el de Palenciana”, también conocido por “La Madama”, fue detenido el mismo día que “El Niño”, pero por la tarde, siendo ésta la última noticia que hay sobre él.

TEXTO: Francisco Cerezo

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