
AOVE con alma, sabores que perduran
En la Familia García Aguilar, estamos profundamente orgullosos de ser agricultores, productores, envasadores y distribuidores de un Aceite de Oliva Virgen Extra único. Nuestro oro líquido, que no encontrarás en los lineales de los supermercados, lo llevamos directamente de nuestra familia a la tuya, para que disfrutes de los aromas y matices obtenidos gracias a la combinación de tradición e innovación, fruto de un legado ancestral transmitido de generación en generación.
Un oro líquido capaz de crear recuerdos inolvidables. Por eso, queremos compartir algunas de las historias reales que ha inspirado nuestro AOVE con la serie “AOVE con alma, sabores que perduran”, una propuesta en colaboración con la creadora de contenido Sra Dreams. A lo largo del año, iremos compartiendo estas historias en nuestra web y redes sociales.
Comenzamos esta serie con una historia real de enamorados que visitaron nuestra almazara. Tras regresar para adquirir nuestro AOVE de la cosecha 2024-25, nos contaron la emoción que supone compartir este oro líquido en su hogar. Con motivo del Día de los Enamorados, hemos transformado su relato en una conmovedora historia, acompañada de un hermoso vídeo que os encantará.

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El AOVE que alimenta corazones
Un día, una pareja llegó al pueblo de los campos de olivos, deseando aprender más sobre el aceite del que tanto habían oído hablar. Felisa, con su cálida hospitalidad, les ofreció una botella de su AOVE más especial, de la variedad picual. “Aquí dentro están las raíces de mi familia, las lluvias y el sol que alimentan nuestra tierra”, les dijo con orgullo.
La pareja regresó a la ciudad con una de las botellas, pero algo cambió en su cocina. Cada vez que abrían la botella, el aroma los transportaba de vuelta a aquel pueblo, a la calidez de Felisa y su tierra. No solo usaban el aceite con cuidado, preparando comidas llenas de amor, sino que, con el tiempo, la botella se convirtió en un símbolo. La reutilizaban como florero, convirtiéndola en un vínculo entre su hogar y el corazón de un lugar lejano.
Así, Felisa y su familia continuaron embotellando historias, no solo para alimentar el cuerpo, sino también para nutrir las almas.
Una historia con sabor de la Familia García Aguilar.
